No tiene por qué, y lo puedes comprobar antes de contratar. Que la IA vea toda la base o solo una parte no depende de la IA, sino de cómo se arma la conexión, y eso se pregunta.
Tres preguntas bastan para una primera conversación. En cada una, fíjate menos en la respuesta correcta que en la que debería hacerte sospechar:
- ¿La IA escribe sus propias consultas sobre la base? Sospecha de un «sí» o de un «depende». También de un «tiene acceso de solo lectura»: leer sin restricciones sigue siendo ver todo. La respuesta que buscas es que solo puede pedir lo que ya está definido.
- ¿Qué campos y filtros puede consultar, y quién decidió esa lista? Sospecha si la lista no existe, si se va a «ir viendo» o si la arma solo quien instala la conexión. Pide verla por escrito antes de empezar: si es tuya, también puedes cambiarla.
- ¿Cómo se sabe quién hizo cada pregunta? Sospecha de una credencial compartida por todo el equipo o de un usuario genérico para la integración. Con eso, cualquiera ve lo mismo que la IA y después nadie puede decir quién consultó qué.
Una propuesta seria contesta las tres sin rodeos y sin pedirte que confíes. Si alguna respuesta te deja con dudas, esa duda ya es el hallazgo. Lo que viene después, quién aprueba lo que la IA produce y cómo se ajusta con el uso, está en la guía completa.
